Los objetivos deportivos son una parte fundamental en toda planificación. Nos ayudan a controlar aspectos psicológicos claves como la autoconfianza, el control atencional y la motivación; aspectos que influyen directamente en el rendimiento deportivo.
Al definir nuestros objetivos, éstos pueden ser nuestros “aliados” o nuestros “adversarios”. Si los objetivos están por encima de nuestras posibilidades o se encuentran fuera de nuestro control, la motivación y la autoconfianza se verán afectadas. Mientras que, cuando los objetivos resultan fácilmente alcanzables o poco alentadores, aparecerá la sensación de aburrimiento o estancamiento.
Numerosos estudios dirigidos por Locke y Latham han demostrado que las personas con objetivos explícitos, desafiantes, realistas, temporalizados y con capacidad de evaluación, aumentan la probabilidad de éxito, la motivación y la autoconfianza.
Por todo ello, es tan importante que los objetivos estén definidos de forma correcta y marquen la dirección adecuada de hacia dónde deben dirigirse sus esfuerzos. Además, nos va a permitir evaluar el progreso deportivo y asegurarnos si el camino seguido es el correcto o debemos ajustar las expectativas.
Para comenzar a plantearnos los objetivos, debemos diferenciar entre: los objetivos de resultado y los objetivos de realización, ambos importantes para definir la dirección deportiva.
Los objetivos de resultado u orientados a la meta hacen referencia a los resultados propiamente dichos: ganar el campeonato de España, subir de ranking, ganar la liga… Estos objetivos serán la base nuestra motivación y ayudará a poner la mirada a largo plazo.
Los objetivos de tarea o de proceso: hacen referencia a las conductas propias que el deportista debe seguir para lograr los objetivos de resultado. Estos objetivos son la vía principal para incrementar el control, aumentar la confianza y mejorar la realización de la actividad.
¿Cómo debemos elaborar los objetivos de realización para favorecer el rendimiento deportivo?
- Los objetivos deben ser específicos y estar bien definidos, de la forma más concreta posible. Por ejemplo: no vale “ser más rápido”. Pregúntate, ¿cuánto más rápido quieres ser?
- Tienen que depender de ti, del deportista. Por ejemplo: “ganar el campeonato”. En este objetivo entran factores que no dependen de ti (las juezas, los demás competidores, el árbitro…), por lo que puede que no se vea alcanzado.
- Han de estar formulado en positivo. Por ejemplo: no valdría decir “no fallar el lanzamiento”, es mejor decir “centrar mi atención en el aparato”.
- Deben resultar atractivos y motivantes, pero, a la vez, es importante que sean realistas.
- Y, finalmente, tienen que estar temporalizados, es decir, deben tener una fecha límite.
Locke, E. A., & Latham, G. P. (1990). A theory of goal setting and task performance. Englewood Cliffs, NJ: Prentice Hall.
Locke, E. A., & Latham, G. P. (2002). Building a practically useful theory of goal setting and task performance. American Psychologist, 57, 705–717. http://dx.doi.org/10.1037/0003-066X.57.9.705
Locke, E. A., & Latham, G. P. (2005). Goal setting theory: Theory by induction. In K. Smith & M. Hitt (Eds.), Great minds in management: The process of theory development (pp. 128–150). New York, NY: Oxford Press.
Locke, E. A., & Latham, G. P. (2013). New developments in goal setting and task performance. New York, NY: Routledge. http://dx.doi.org/10 .4324/9780203082744
Locke, E. A., & Latham, G. P. (2019). The development of goal setting theory: A half century retrospective. Motivation Science, 5(2), 93.

