El miedo es otra de las emociones primarias, básicas y necesarias que se caracteriza por experimentar una sensación desagradable intensa ante la percepción de un peligro real o imaginario.
¿Cuál es la función del miedo?
El miedo cumple un papel fundamental en los seres humanos: la supervivencia. Sentir miedo tiene una función adaptativa, ya que nos permite anticiparnos y sobrevivir ante las situaciones de alerta que amenazan nuestra seguridad.
En la prehistoria, el miedo nos salvaguardaba de ciertos peligros como los animales salvajes, los depredadores o los temporales. En la actualidad, la amenaza externa es más subjetiva, y no todos tenemos los mismos miedos. Además, estas amenazas al ser más subjetivas podemos llegar a sentirlas hacia nuestra vida y nuestra seguridad, pero también hacia nuestra autoestima y nuestro autoconcepto… por lo que el miedo es una emoción que se interpreta según nuestros patrones mentales, en base a nuestras creencias y pensamientos, y nos ayuda a ser precavidos y cuidadosos. Porque… ¿Qué pasaría si viviéramos sin tener miedo? Directamente moriríamos, seríamos unos temerarios que pondríamos nuestra vida en riesgo continuamente, por lo que terminaríamos muriendo. Así que el miedo no es una emoción de la que tengamos que huir, sino una emoción para obtener información importante.
¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando sentimos miedo?
Ante una amenaza, se activa el sistema de alarma en nuestro cerebro, principalmente, la amígdala, una pequeña estructura situada en una parte de nuestro cerebro llamada el sistema límbico. La amígdala se relaciona directamente con la identificación y expresión emocional, sobre todo con las emociones del miedo y la del enfado.
Cuando sentimos miedo, el cerebro lo procesa de dos formas:
El procesamiento rápido de los estímulos amenazantes se realiza a través de las siguientes estructuras: el tálamo sensorial, el hipotálamo y el sistema nervioso simpático. Este procesamiento produce un aumento de tensión arterial, aumento de frecuencia cardíaca, tensión muscular, sudoración, etc. Mientras que, posteriormente, surge un procesamiento lento de la información, cuando la información alcanza la corteza sensorial y se dirige a la corteza cingulada y prefrontal donde se analiza racionalmente y se revalúa la situación para buscar una solución.
¿Cuándo el miedo comienza a ser un problema?
Cuando éste es disfuncional, es decir, cuando el miedo se intensifica de tal forma que nos paraliza, nos inhibe, nos causa un gran malestar y sufrimiento. Cuando este temor se experimenta de forma permanente o con una intensidad alta puede llegar a causar fobias, trastornos de ansiedad, ataques de pánico…
¿Cuáles son los síntomas que provoca el miedo?
El miedo provoca síntomas físicos, fisiológicos y psicológicos, algunos de estos pueden ser: la hipervigilancia, el aumento de presión arterial, el aumento de adrenalina y tensión muscular, dilatación de pupilas, etc. además de una avalancha de pensamientos difíciles de controlar, que influyen en que retroalimentemos al miedo y que se nos haga más difícil tomar cierta perspectiva para juzgar objetivamente su magnitud. Asimismo, se suman las creencias a nivel cognitivo por debajo de esa emoción, algunas de éstas puedes ser: miedo a no ser suficientes, a fracasar, a sentirnos rechazados, a defraudar…
Como se ha comprobado, el miedo es una emoción básica y fundamental para la supervivencia, y, “sintiéndolo mucho” no vamos a poder eliminarla, pese a toda esa sintomatología que genera tan desagradable. El miedo no siempre es peligro y, bien gestionado, nos ayuda a subsistir. No obstante, es importante que reconozcamos cuando el miedo está quitándonos terreno, nos empieza a hacer más mal que bien y comienza a interferir en nuestra vida diaria. En ese momento, mi recomendación es pedir ayuda profesional.

