Ser perfeccionista ¿es bueno o malo?

por | 25 de octubre de 2022 | Preguntas frecuentes

Antes de empezar, definamos qué es el perfeccionismo. El perfeccionismo es el deseo de una persona de hacer las cosas como cree que se deben hacer, impecables y sin fallos. Puede que, si te identificas con esta definición, te suene haber escuchado frases como “las cosas hay que hacerlas como se deben hacer” o “si puedes ir a por el 10, por qué conformarte con un 7”. Desde pequeños se nos suele inculcar esa búsqueda de la perfección: siendo el mejor de la clase, el mejor en el deporte…

Es indudable que el perfeccionismo puede ser un gran motivador de logros personales, puesto que está estrechamente relacionado con la autoexigencia y, en su justa medida, puede ser beneficioso. Sin embargo, la autoexigencia es fácilmente reforzable, es decir, consigue una consecuencia positiva rápida a esa conducta (notas, premios, medallas, reconocimiento…) aumentando la probabilidad de que esta conducta se repita. Por ello, puede que cada vez nos vayamos exigiendo más para conseguir todos esos reforzadores que tiene nuestro comportamiento.

Sin embargo, ¿somos conscientes de la presión que genera el tener que actuar siempre al 100%? Nuestra mochila se va llenando de piedras cada vez más pesadas, hasta el punto de que puede llegar a limitarnos.

¿Qué hay debajo del perfeccionismo?

Bajo la cubierta del perfeccionismo nos podemos encontrar una creencia personal que relaciona la valía de uno mismo con exclusivamente su habilidad en cierta actividad. A nivel emocional, se observa un gran miedo: miedo a fallar, a defraudar, al fracaso, al rechazo… y, a nivel cognitivo, suele estar presente una gran rigidez mental y necesidad de control. Todo ello puede causar un círculo vicioso de malestar y frustración por no estar a la altura de las expectativas.

¿Qué genera el perfeccionismo?

Como hemos dicho anteriormente, el perfeccionismo tiende a generar gran rigidez mental, la cual no nos permite fallar y cualquier error es visto como una decepción. Dicha rigidez conlleva grandes dificultades para salir de nuestra zona de confort, pues requiere asumir riesgos demasiado altos para garantizar la perfección. De igual forma, no debemos olvidar que el fallo entra dentro del proceso de aprendizaje, ya que aprendemos por ensayo y error.

Por último, cabe recordar que la perfección no existe, es inalcanzable y subjetiva. La búsqueda de ésta nos lleva a frustrarnos por no conseguirla, a sentirnos inseguros y a pensar que “no somos suficientes”, porque en la cabeza siempre estará el pensamiento de que podríamos ser mejores.

Me gustaría que, si te has sentido reflejado/a en este artículo:

  1. Permítete fallar, es la única forma de seguir creciendo.
  2. Apréndete a querer, no por lo que haces, sino por lo que eres.